lunes, 7 de junio de 2010

Todos a la huelga general


A LA HUELGA GENERAL:

contra los planes de ajuste neolibreales,
la educación no va a pagar la Europa del capital.




El pasado 27 de mayo se aprobó, promovido por el actual Gobierno del PSOE, el plan de ajuste para cumplir con los requisitos de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en política económica y fiscal. Desde un enfoque reduccionista, limitado a denunciar los recortes salariales a los funcionarios, los grandes sindicatos convocan una huelga sectorial para el 8 de junio.

Mucho hemos oído sobre las medidas dictadas desde el poder económico al Estado Español referidas al recorte salarial de los funcionarios o a la congelación de las pensiones. Sin embargo, parecería intencionado eludir cualquier referencia a la parte del plan de ajuste que nos afecta a toda la sociedad en conjunto. Y es que tras este plan de ajuste se esconden los intereses de organizaciones criminales como el FMI y de todos aquellos cuyas ansias de acumulación de riqueza no tienen fin.

Se imponen así tremendos recortes en gasto público. Cifras multimillonarias (2.425 millones de euros dentro de los Presupuestos Generales del Estado de 2010; un recorte previsto para el periodo 2011-2013 de más de 20.000 millones, equivalentes a 2,4 puntos del PIB; 1.000 millones de recorte para las Comunidades Autónomas y 200 millones más para los Ayuntamiento en 2011) que acabarán justificando la entonces “necesaria” inversión privada, cuyo propósito no es otro que acumular y enriquecerse a costa de lo que sea necesario.

Y la Universidad no queda al margen de esta nueva agresión, precisamente porque es uno de los objetivos propuestos hace ya más de 15 años por organismos hermanos del FMI, como el BM o la OMC: recortar gasto público en la educación superior y la investigación (ya ocurrió el año pasado) obligando a venderse al mejor postor para obtener ingresos básicos. Es el ABC de cómo convertir un derecho en un negocio.

Pero las agresiones de los poderosos para perpetuar un orden económico, político y social tan acabado como injusto no terminan aquí. No hay más que ver alguna de las últimas recomendaciones del FMI para el E. Español, bajo la inagotable excusa del retorno al equilibrio, publicadas el pasado 24 de mayo y que demostrarán una vez más la alianza natural existente entre estas organizaciones con nuestros gobernantes, quienes, sean del color que sean, se dedican a ejecutar con absoluta fidelidad y obediencia los planes neoliberales de aquéllas.

Así nos enfrentamos a una reforma laboral que acabará impuesta de una u otra manera con los objetivos, ya declarados, de reducir salarios y flexibilizar horarios y despidos. Otro ataque que caerá como un yugo sobre los más jóvenes. Más recomendaciones, poner al E. Español, cueste lo que cueste, a la cabeza de la UE en el proceso de liberalización de los mercados de bienes y servicios. Dicho sin tanta parafernalia, consolidar los procesos que se vienen dando y que tienen por objetivo que actividades tan potencialmente lucrativas como la investigación o la innovación e incluso derechos tan básicos como la educación y la sanidad se conviertan en meras mercancías con que enriquecer los bolsillos de las grandes empresas.

No son especulaciones. Fijémonos sólo en las medidas impuestas a Grecia, coincidentes en su mayoría con las del Estado Español: empezaron con recortes salariales, primero del sector público y luego del privado y acabaron con un paquete de medidas que daban al traste con siglos de conquistas sociales y políticas.

Se hace imposible, entonces, abordar el conflicto social que se viene fraguando a base de paros sectoriales o movilizaciones sobre problemas parciales, tal y como están haciendo y tratarán de hacer los grandes sindicatos cómplices. Es necesario no entrar al juego de la división social que se pretende generar, enfrentándonos con nuestros iguales, para darnos cuenta de que todos somos víctimas del mismo enemigo. Somos muchos para evitar que la victoria se la lleven, de nuevo, otros muy pocos.

Trabajemos entoces juntos hacia la huelga general. Por solidaridad, justica y dignidad.

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